Publicidad:
Terra
La Coctelera

DISCOTECAS ACTUALES DE BACALAO

MR DANCE CLUB

Sala dirigida de la mano de dos grandes DJ's, Sancho e Ismanordic.
Creando un ambiente de fiesta único e inolvidable en cada noche de sesión.

DJ SANCHO

ISMA NORDIC

MASIA

Masia tiene sus comienzos hacia el año 1991, y poco a poco a sabido abrirse su camino y su propio estilo que tanto la caracteriza, hoy por hoy somos la mejor discoteca Newstyle de España, y tenemos en nuestra plantilla a los mejores deejays y productores del sector del newstyle.

DR.EVIL

ABEL K KAÑA

WAKAN DJ

BASSDRUM PROJECT

TONY BASS

COLISEUM

Sala q lleva funcionando desde 1993 en Almudevar (Huesca) y q pasa x ser una d las grandes discotecas d toda la peninsula. Siempre siguiendo un estilo propio y no dejandose influenciar demasiado x las tendencias d las demas salas Coliseum con sus Dj's residentes (javi aznar, kuki y adn) suelen pinchar un estilo HardHouse, Progressive, Jumper.

JAVI AZNAR

KUKI

DJ ADN

CENTRAL ROCK

La discoteca Central Rock es una de las discotecas más veteranas del toda la costa levantina.
Presididas por dj Javi Boss y dj Juanma, y con el duro musicón que no para durante toda la noche.
Ese es el éxito de Central, sus dos djs. Cada viernes y sábado la sala se llena para verles entrar en acción. Son famosos sus CARA a CARA.

JAVI BOSS

DJ JUANMA

Estas son las discotecas mas importantes de bacalao actualmente entre muchas otras, debido a su musica renovada.

LA RUTA DEL BACALAO

¡Viva la fiesta!
Se cumple una década de la caída en desgracia de la ru- ta del bakalao, aquella peregrinación de fiesteros que, de viernes a martes, recorría los clubes de la costa valenciana.
EL HOMBRE Y LA MÁKINA. Nostálgicos treinteañeros se agolpan frente a la cabina de la Sala Bounty de Valencia. Es viernes, 27 de febrero, apenas la una de la madrugada y los bares siguen abiertos, pero un centenar de personas ha preferido acudir temprano a esta discoteca del centro. «Luces apagadas, hermanos», brama una voz tras el haz de luz que proyecta el par de bombillas acopladas a sus gafas de sol. Chimo Bayo vuelve del olvido para castigar con sus ripios un fondo de música industrial. El respetable ruge entre la guasa y la añoranza.

La exhumación del denostado DJ no es gratuita. Esta noche se presenta En èxtasi, el primer estudio digno del fenómeno conocido como la ruta del bakalao y Chimo es la estrella invitada del evento. Por algo el éxito internacional de Así me gusta a mí, su megahit de 1991 (número 1 en Japón e Israel), marcó el punto de inflexión de un movimiento que instauró el nuevo modelo de fin de semana –de viernes a martes– a golpe de acelerón techno y velocidad química. Una década después de que la demonización de los medios y los vapuleos de las fuerzas del orden acabaran con la ruta destroy, el periodista de investigación Joan Oleaque, autor de En èxtasi (editado en catalán por Ara Llibres), analiza la ligazón entre drogas recreativas, discoteca y música de baile. Es decir, lo que conocemos como la fiesta. Ni denosta ni ensalza, sino que fija las bases de un terreno quebradizo que todavía hoy despierta susceptibilidades.

No siempre fue así. Hubo un tiempo en que Valencia era un hervidero underground reunido en torno a las discotecas de la costa. Lo dijo Tony Wilson, el gurú del superclub mancuniano The Haçienda y capo del sello Factory: «Las ciudades medianas como Manchester y Valencia son vivero de grandes cosas». Seguro: a principios de los 80, la ciudad se forjó una personalidad propia, empujada por un potencial creativo al alza y una urgente necesidad de figurar. Por entonces, las discotecas convencionales aún lucían espejos en las columnas y pajaritas en el cuello de sus camareros. Olían al rancio de la moqueta y a la hamburguesa del bar contiguo. Así que los espíritus inquietos buscaron refugios donde pinchar sus discos raros. Por ejemplo, Barraca, una disco de pueblo ubicada en una zona de veraneo a 35 kilómetros de la capital mediterránea.

Punks, rockers, neorrománticos y tribus de todo pelaje encontraron allí su santuario. «Tenía un carácter rural, interclasista, nada vanidoso ni exclusivo», recuerda Vicente Pizcueta, director del local y del no menos mítico Chocolate en sus etapas mágicas. Las sesiones que mezclaban a Tom Waits con Nina Hagen, Joy Division, Gary Numan y Dead Or Alive pronto conocerían réplicas en las cercanías. Chocolate y Spook Factory se erigieron en complemento after hours. Y así se conformó un itinerario lúdico en la carretera de El Saler auspiciado por el gobierno autonómico socialista. La ley permitía horarios intempestivos porque se vivía una borrachera de libertad y en las afueras no hay vecinos a los que molestar.

HISTORIAS PARA NO DORMIR. Cuentan que, en una tienda de discos llamada Zig Zag, un chaval que escuchaba música a través de los cascos aullaba cuando un tema le ponía: «¡Esto es bacalao de Bilbao!».

A los profesionales que frecuentaban el local les hizo gracia el grito de guerra y comenzaron a emplear el término (que escribían vacalao) para definir la música de los clubes. Cuando en 1988 estalló en Ibiza el desfase acid house, la reacción valenciana fue de cerrazón: no hace falta que los ingleses vengan a darnos lecciones, de fiesta vamos sobrados, venían a decir. Y así nació la leyenda de la ciudad que nunca duerme. «Los valencianos tenían un parque de discotecas increíble y se comportaban de una manera tan innovadora como lógica: ¿por qué no alargar el fin de semana si es cuando la gente no trabaja y puede divertirse?». Quien justifica así las 72 horas non-stop de la ruta es Nando Dixcontrol, DJ de la escena barcelonesa. El problema fue que el fin de semana comenzó a vivirse como si fuera el último.

En los 90, se extinguió por completo la vocación transgresora de las salas y la oferta de ocio se industrializó. «Las discotecas se anunciaban en las paradas de metro y su sentido se desvirtuó, porque no podían ser algo en torno a lo cual girara la vida de las personas», censura Pizcueta, hoy responsable de comunicación de empresas de hostelería recreativa.

La música sintética barrió al pop rock y tomó los altavoces en su variante chunda-chunda. Las salas de capacidad media (500 personas) se vieron desplazadas por macrodiscotecas que satisfacían las necesidades de 2.500 fiesteros. «Se puso de moda saltar de local en local a través de un horario que serpenteaban de viernes a martes», explica Oleaque. La inauguración de la sala Espiral trasladó la marcha de la costa hacia el interior y revistió el sonido de mayor contundencia.

La gente del barrio se sumó a la fiesta. El circuito integró nuevos clubes como Puzzle, NOD, Heaven y ACTV. Encima, un decreto que ampliaba una ley autonómica del año 91 permitió la apertura de zonas especiales fuera del centro urbano para salas sin límite horario. «Poco a poco, la dinámica se fue popularizando, porque todo el mundo quería ser moderno y aparentarlo se convirtió en un valor muy preciado», justifica Oleaque.

«La mediocridad se apoderó de Valencia –sentencia Chimo Bayo–. El sonido se banalizó y tomó velocidad. Y la culpa fue de los sellos. Los DJs no componían la música que querían por la coacción de la industria». El bakalao se convirtió en negocio, claro, y la radio multiplicaba rápidamente el fenómeno a través de las ondas. Fue decisiva una emisora pirata, Radio L’Horta, que logró su licencia municipal mediante una política de hechos consumados: la adopción del estilo la había catapultado a los 100.000 oyentes.

MIEDO Y ASCO EN VALENCIA. Tras la resaca del 92, la crisis económica sacudió España y el crimen de Alcácer la convulsionó. La prensa sensacionalista, ávida de carnaza, se cebó en el despendole discotequero, un filón para el titular de impacto. Los periodistas radicalizaron la palabra iniciática escribiéndola con k. «En el bakalao encontraron el chivo expiatorio a todos lo males. No se preguntaron si la droga era culpable o síntoma de la perdición juvenil, no buscaron las razones de la existencia de una adolescencia perturbada», critica Joan Oleaque. Los padres se desayunaban con sus retoños retratados en la prensa, desencajados en los párkings de las discos en la mañana del Día del Señor. Los medios aseveraron la existencia de un peregrinaje de discotecas que enlazaba Madrid con Valencia, pasando por Toledo. El responsable provincial de Tráfico del momento, Roberto Ramírez, se puso en el ojo del huracán al declarar públicamente que aquello era falso: «No existe una ruta de after hours que una las dos ciudades».

No obstante, la sociedad estaba ya conmocionada y la clase política no tardó en tomar medidas. Se pusieron a la orden del día controles masivos de alcoholemia y drogas. «Si pretendían reducir los accidentes de tráfico podían haber arreglado las carreteras, porque algunas no estaban preparadas para el tránsito nocturno masivo», reflexiona el DJ valenciano Luis Bonías. También se intervinieron los teléfonos de los empresarios de las discotecas y la policía secreta irrumpió en las salas. El sector hostelero se defendió declarando en rueda de prensa que la droga era un problema de la sociedad, no sólo de los clubes, mientras se les trataba de perversos, mentirosos y mafiosos.

«Cualquier accidente de tráfico con muertos se atribuía a la fiesta, aunque fuera un dominguero que venía bebido de comerse una paella», ironiza Olea- que. Lo curioso es que el asedio provocó la resistencia de los usuarios y la incorporación de nuevos acólitos. «La huida hacia delante abocó al abismo: la seguridad de las salas se encargó a seudo skinheads, los camellos ya no pertenecían a la fiesta, los garrulos insultaban a los gays y las mujeres eran tratadas como putas». Joselito –sí, el ex Pequeño Ruiseñor–, abrió una sala ad hoc y los Pitufos Makineros versioneron éxitos de la radiofórmula.

Estigmatizada y echada a perder, la otrora Ibiza peninsular se sumió en la culpa. Todos miraron hacia otro lado y comenzó la diáspora. La fiesta se hizo fuerte hacia el norte y el oeste. Vitoria, Valladolid y, sobre todo, el cinturón industrial de Barcelona (el estilo denominado mákina es en realidad una variante catalana y embrutecida del bakalao) recogieron el guante en sus catedrales del techno (sic). Desde entonces no lo han soltado, aunque ya nadie hable de ruta alguna. Desde luego no en Valencia, por mucho que Chimo Bayo haya resucitado. ¡Ju-já!

HÁBITO «DESTROY»

Como dice el clásico rockabilly de Los Rebeldes, muchos se enamoraron de la mescalina en la Luna de Valencia, allá por 1983. Los efectos de las cápsulas eran la euforia rítmica, el hedonismo, el narcisismo y la exaltación de la amistad. En la pista, todas las tribus bailaban hermanadas por el buen rollo. «Lo que se vetaba eran las despedidas de soltero, porque la gente iba bebida y resultaba problemática», recuerda Vicente Pizcueta.

Pronto apareció el speed. La subida del compuesto anfetamínico se jaleaba agitando botellines de agua al grito de «¡Toma, toma!». «Era una auténtica droga para las masas y provocaba el baile de un autómata víctima de un ataque epiléptico», ilustra Joan Oleaque. Después, la cocaína irrumpió arropada por la modernidad. Suponía la democratización de una sustancia de artistas, el champán de las sustancias ilegales. De esa época es una pintada recogida por Oleaque en su libro: «Quiero morir en los váteres de Spook Factory».

En el año 88 ya no había rastro de las mescas. Los tráficantes holandeses de éxtasis introdujeron el MDMA en Ibiza en plena eclosión del acid house. Las pastillas llegaban a Valencia en las maletas de los veraneantes en la isla. La sencillez de la composición hizo brotar pequeños laboratorios clandestinos de síntesis. La borrachera rítmica y sensual se compartía en cuartos de pastilla. «Los camellos eran colegas de la disco que iniciaban en una religión pagana con la pastilla como hostia consagrada», sigue el escritor. Su consumo evitaba colas en los baños y no producía sed, por lo que no impelía a beber alcohol como sucedía con la coca. No obstante las bondades de la droga del amor, no se excluyó a las precedentes y se pasó al policonsumo.

Con la accesibilidad, el consumo comenzó a vulgarizarse, dejó de ser un vehículo para convertirse en un fin en sí mismo. La gente se drogaba antes de entrar e incluso se quedaba en el párking porque les daba igual la sala. Pronto se advirtió que la ruta era un lucrativo negocio y elementos ajenos a la pista se hicieron los dueños del mercado. «Los chulos de barrio entraron en el trapicheo y empezaron las peleas entre bandas rivales. Yo he visto pinchar ruedas, tirar piedras y a tipos saltando como monos sobre los coches», dice Josep Toledo.

Se impusieron la adulteración y los timos, con lo que el consumidor debía aumentar la dosis para lograr el efecto deseado: ocho pastillas en una noche. Las primeras víctimas del éxtasis se dieron en Barcelona un par de años después del linchamiento mediático de la ruta valenciana. «Cuanta más gente inexperta acudía, mayores posibilidades había de morir de sobre-dosis, ya que, a medida que el fenómeno fue a mayores en plan garrulo, lo que contaba era el desfase y molaba más quien más se colocase. Obviamente esa extraña épica puede pagarse cara», zanja Oleaque.

RUTA 2004

«El bakalao no ha muerto, ha sido asimilado por el sistema», advierte Joan Oleaque. Tras la criminalización de la ruta en 1994, toda una generación perdida para la música electrónica se dedicó a escuchar a Luis Miguel o emprendió un flashback curiosísimo que en Valencia han llamado remember, un revival que fomentó la escucha de los grandes éxitos de los 80. Superado el estigma, los adolescentes actuales viven el ocio sin complejos.

«La nueva generación venera aquello como símbolo iniciático de la fiesta. La ruta vuelve con la fuerza de un mito para gente joven muy popular», continúa Oleaque. Hoy, la práctica del neobakalao en Levante se limita a los reductos de Chocolate y Apache en Valencia, Pirámide en Castellón y Virtual en Alicante. De los templos de la época en la propia capital valenciana también resisten Puzzle y Barraca, mientras que Heaven y The Face han cerrado y la legendaria ACTV se ha convertido en un antro de salsa y música ligera de la factoría OT bautizado Akuarela.

Pero el meollo se encuentra al norte. La ruta ya se había desplazado hacia Cataluña (de Pallafrugel a Igualanda, pasando por Mataró) en su momento y sus catedrales del techno siguen convocando a las masas de fin de semana, aunque ya no sea en el nombre del bakalo propiamente dicho (mákina, en todo caso): Xque, con los populares DJs Pastis y Buenri al frente; Scorpia, Pont Aeri, Marte, Kontrol, Chasis, Kratter... Hay hasta quien no duda en incluir a la veterena Florida 135 (Fraga, Huesca), por más que su política musical no tenga nada que ver.

Hacia el oeste discurren rutas alternativas como la vallisoletana (cuajada de macros entre la capital pucelana y Medina del Campo) y, un poco más arriba, la que recorre el País Vasco desde Bilbao hasta Vitoria –muy controlada por la Guardia Civil por el menudeo de drogas–, con ramificación hacia Pamplona. Tampoco es desdeñable la conexión toledana, que en realidad comienza al sur de la Comunidad de Madrid para alcanzar Talavera de la Reina.

Las nuevas etiquetas para la música dura bañada en sudor son estilos germanos con diferentes matices de velocidad y melodía: harddance, hard trance, hardcore, progressive y hardstyle. En definitiva, música electrónica de batalla a disfrutar en chándal,contestación del fenómeno pandilla al rollo elitista de los clubes de electrónica de mayor calidad. Los modernos bakaladeros (ahora también llamados poligoneros debido a la acotación de las discos en polígonos industriales) hacen gala barriobajera con elementos de hip hop.

Aunque de aquellos polvos vienen estos lodos, el bakalao era un concepto destinado a un público disperso, abierto a todas las tribus, mientras que el sonido actual se dirige a un público muy definido, de extrarradio. «Alienante no es el ocio, sino el mundo en el que vivimos. Resulta más pernicioso OT y GH que la música electrónica –reflexiona Vicente Pizcueta, vicepresidente de Controla Club, ONG dedicada a la prevención del impacto de las drogas–. La juventud no acude con criterio y capacidad crítica porque existe un gran empobrecimiento cultural. Además, no hay que criminalizar al adolescente actual por su aspecto, el nivel de conflictividad es el mismo. Sería caer en la trampa que ya se nos tendió en los 90».

FOTOS DE LAS DISCOTECAS DE LA RUTA

DISCOTECAS
SPOOK FACTORY

En el año 1984, hizo aparición en la escena valenciana otra sala mítica. Anteriormente llamada San Francisco, y dedicada a gente más convencional, es decir, a pijos o niños pera, como por entonces se denominaban, Spook Factory hizo acto de presencia en la historia de la noche valenciana y española. Esta sala ubicada en la pedanía valenciana de Pinedo , estaba situada mucho más cerca de la ciudad, y además en la misma carretera, por lo que a priori se le auguraba un gran éxito. Además empezó con vocación de llegar al gran público. Pero no todo fueron alegrías. La sala, durante sus primeras sesiones apenas atraía gente. Fueron las circunstancias lo que provocó que le llegase el éxito. Las autoridades castigaron a Barraca y Chocolate a un mes de cierre por ciertos acontecimientos, situación de la cual se aprovechó Spook Factory. Nunca volvió a estar vacía durante un solo fin de semana hasta al menos 1995 o 1996. Su pinchadiscos (término muy utilizado en los 70 y 80), o disc-jockey, se llamaba Juanito Torpedo, y la línea musical que llevaba estaba a medio camino entre las de Barraca y Chocolate, ya que se trataba de atraer a este tipo de público.

ACTV

ACTV, abierta en 1987, uno de cuyos primeros disc-jockeys fue Fran Lenaers, fue liderada por otro gran DJ valenciano como fue Arturo Roger. Se encontraba en la Malvarrosa, en la misma arena de una playa que aún no disponía de paseo marítimo. Estaba situada en un llamativo edificio histórico conocido como Termas Victoria, de ahí el nombre (Actividades Culturales Termas Victoria), en el cual se alojaban también con anterioridad otros locales como Tropical y en la parte superior Casablanca. Apostó en sus inicios por sonidos más frescos. Arturo Roger, como DJ de sus sesiones principales, que en sus inicios fueron las de after-hours de sábados y domingos, introducía new beat, que se trataba de algo así como una mezcla de EBM y techno con el toque de distorsión del "sonido ácido" tan en boga por entonces, y acid house. Ambas eran, como ya se menciona, dos nuevas corrientes musicales surgidas a finales de los 80 y que tuvieron gran repercusión en el llamado «verano del amor» de 1988. El new beat se extendió rápidamente por otras salas valencianas al uso como Spook o Espiral, y el acid house también pero en menor medida, principalmente en Puzzle. Ambos estilos musicales se añadieron al combinado pop, techno-pop, ebm y techno habitual de la sala. Es decir, ACTV seguía siendo una discoteca abiertamente ecléctica. Ecléctica tanto musicalmente como en cuanto a clientela, ya que reunía uno de los públicos más peculiares de Valencia. Desde personajes famosos camuflados entre el aforo a noctámbulos empedernidos.

Chocolate

Poco después del comienzo de esta nueva y exitosa etapa en Barraca, apareció en escena otra discoteca, situada a apenas 200 metros de la primera. Se trataba de Chocolate. Los responsables de esta discoteca, anteriormente dedicada a sonidos funky y que se venía llamando Chocolate Cream, y aun antes, nave donde se almacenaba arroz, no quisieron dejar pasar la oportunidad de atraer a este público tolerante, abierto y tremendamente hedonista. Pero en contraposición al colorismo de Barraca, Chocolate apostó por sonidos más oscuros y góticos, siguiendo una línea de eclecticismo musical. Su ambientación iba a la par con la música, ya que a diferencia de Barraca, era una sala con una iluminación mucho más tenue en lo que era la pista de baile. Toni Vidal, más conocido como toni el gitano, fue su principal responsable musical esos primeros años, el cual pinchaba a gente como Bauhaus, Sisters of Mercy, Art of Noise, Throbbing Gristle, 400 Blows, Cabaret Voltaire, 1000 Mexicans, Anne Clark, Lords of The New Church, Snowy Red, Shriekback, Attrition, Alien Sex Fiend, Minimal Compact, Trisomie 21 y muchas otras rarezas de corte mayoritariamente siniestro y oscuro, tanto en temas de guitarra como en temas electrónicos (en muchos casos electrónica y rock experimentales), aunque no faltaron sonidos más rabiosos como el punk-rock de los Ramones, o el garage rock y psychobilly (mezcla de rockabilly y música gótica) de The Cramps o de The Meteors y otros grupos similares con mucho "guitarreo" post-punk como The Fall o Fuzztones. En definitiva se trató durante varios años de la principal sala de psicodelia y de música oscura de la región, donde Toni Vidal pinchaba entre otras cosas temas muy avanzados que experimentaban con la mezcla del rock y la electrónica. También se programaron conciertos en esta discoteca. Pero una peculiaridad fue que al principio dichos conciertos se programaban al hacerse de día, a las 7 de la mañana, lo cual suponía un colofón a la sesión previa, y algo totalmente inédito. Toni Vidal también se encargó de otra sala de gran importancia a mitad de los 80 como fue Isla. Tras unos años en cabina, Toni Vidal fue sustituido por José Conca en 1986 mientras que Toni Vidal empezó a pinchar en otra sala de Ribarroja llamada Bravatta, la cual años más tarde sería conocida como Don Julio / NOD. José Conca no tenía la peculiar visión musical de Toni Vidal, pero a cambio fue quien llevó a Chocolate la técnica depurada que había implantado Fran Lenaers en Spook y que estaba causando furor, hecho que hizo que Chocolate viviera una segunda etapa dorada a finales de los 80. Además, esta sala sirvió de continuación de la fiesta para muchos barraqueros, ya que cerraba unas horas más tarde que Barraca. En cualquier caso, también se ganó a su propio público devoto. Gente amante del cuero y el color negro. Chocolate se convirtió en el templo de la movida gótica que inundó Valencia y que fue importada directamente desde el Reino Unido por la gente que estaba relacionada con esta movida. Durante sus primeros años su fachada estuvo decorada en honor a su nombre, de color marrón oscuro y chorretones cayendo de la parte superior.

Otros disc-jockeys destacados que pasaron por Spook Factory fueron, ya en los 90, Luis Bonías, Arturo Witten y Vicente Mafia.

Espiral y puzzle

En 1986 saltó a la fama otra sala legendaria, Espiral, abierta desde finales de los 70 y dedicada hasta entonces a sonidos disco, y que no se encontraba en la habitual ruta en línea recta bordeando el sur de la costa de Valencia, sino tierra adentro, en La Eliana. Fue abanderada por su DJ, Jesús Brisa, que llevó a la sala esa variedad musical de temas de rock/pop no comercial, sonidos oscuros y electrónicos. La ruta se amplió pues hacia el interior del área metropolitana de Valencia. Esta sala se caracterizó por atraer a un público menos selecto, más "de barrio", por decirlo de alguna manera, pero al mismo tiempo, el público más brutal de la ruta. Además, durante sus primeros años no era tan conocida fuera de Valencia como lo eran las otras tres principales salas. Todo estaba permitido aquí. Los servicios eran compartidos entre ambos sexos. No había reglas y el "todo vale" era la tónica general. Aun así, soportaba menos problemas entre la gente de lo que lo haría cualquier discoteca actual con todo su personal de seguridad. Era considerada como la más "cañera" del momento, hasta su sonado cierre y reconversión en una versión más "light", ya bien entrados los noventa, hechos que precipitaron rápidamente su definitiva desaparición (fue la primera de las grandes en caer). Esta discoteca disponía de una terraza con piscina. Sus principales sesiones fueron las de sábados tarde y sábados noche, mención aparte de sus habituales e inacabables maratones. Hubo otra sala de este estilo ligada a Espiral llamada Broadway, y que estaba situada en Alfafar, la cual tiempo después pasaría a adoptar otros nombres (Sucre, Amadeus, AMD). Sin embargo, al igual que pasó con salas importantes del momento como Bravatta, Isla, Éxtasis en Llombai, y más adelante Coliseum o Ku Manises, su nombre no trascendió al nivel de las más conocidas en la actualidad, al no estar ya presente en los años de mayor éxito de la movida.

También en 1986, llegaría Puzzle, antes llamada New Bunker (es de suponer que antes aún fuera Bunker). Fue el mismo Carlos Simó, ex-DJ de Barraca, quien ante la mayor demanda de público, abrió como gerente esta otra sala, situada a apenas unos 2 km de Barraca en la misma carretera. Se trataba de una discoteca muy moderna que aportó por entonces elementos novedosos en materia de iluminación, decoración, etc, y que además se enfocó musicalmente a sonidos más frescos, synthpop y technopop e incluso house. Por dar ejemplos, grupos como New Order, Camouflaje, Cretu, T99, Boytronic, Information Society, o Red Flag podrían dar una idea de cómo fue su música durante los 80. Uno de sus primeros disc-jokeys fue Luis Bonías, procedente de la sala Triplex de Cullera (sala donde también recaló el DJ Frank de Espiral o desde donde llegó Fran Lenaers a Spook Factory). Tiempo después Luis Bonías pasaría a pinchar en Pacha / Arena Autitorium, y entre 1991 y 1993 fue residente en Spook Factory. Al marcharse de Puzzle, recalaron dos hermanos, conocidos como Los Gemelos, que serían quienes le darían personalidad propia y fama a esta sala con esa música menos industrial y oscura, que también tuvo gran aceptación.

NOD

NOD, también llamada Don Julio porque así se llamaba anteriormente a reabrirse (NOD no era sino una inversión de la palabra Don), con el conocido Kike Jaén a los platos, y DJ Nino. Fue dirigida por otro personaje importante en la movida valenciana como fue Clemente Martínez, anteriormente miembro de la plantilla de Spook, como gerente de la sala. Se abrió en 1988, y estaba situada en la misma zona interior que Espiral, al oeste de Valencia, concretamente en las afueras de Ribarroja, en medio de campos de naranjos, por lo cual ambas discotecas siempre tuvieron mucha afinidad de público. De hecho, NOD acabó actuando como after-hours de Espiral, dado que abría los domingos por la mañana su sesión principal. De destacar es el hecho de que esta sala en 1986 la abrió Toni Vidal (el Gitano) con el nombre de Bravatta, tras marcharse de Chocolate y ser sustituido por José Conca, y también estuvo dedicada a los sonidos inculcados por el mismo en Chocolate. Su éxito fue relativo, ya que no llegó a ser conocida fuera de Valencia. A los pocos años cerró, y al tiempo, reabierta como Don Julio, nombre idéntico al de un pub del mismo dueño sito en la población de Chiva donde ya pinchaba Kike Jaén. Clemente Martínez no vio este nombre nada comercial, con lo cual, al poco tiempo de funcionar la discoteca como Don Julio, decidieron quitarle al nombre la palabra "Julio", e invertir la primera. Al retirar las letras "JULIO" del letrero principal de la fachada (que iba en vertical) e invertir "DON", quedó NOD con la letra N al revés, hecho que adoptaron de forma inteligente de cara a la imagen de la discoteca.

La discoteca Barraca, ya veterana por aquel entonces, ya había destacado en los últimos años 70 por querer diferenciarse de alguna forma del resto de salas estilo fiebre del sábado noche. Alrededor de 1980, Juan Santamaría recaló en esta sala para imprimirle su particular estilo tan ecléctico. En 1982 le sustituyó en cabina, Carlos Simó, disc-jockey muy influenciado por Santamaría, e imprimiéndole al estilo musical de la sala un énfasis aún mayor en la llamada "música blanca", o música de raíces blancas. Por lo tanto, a partir de entonces, aunque el eclecticismo era la nota dominante en las sesiones de Barraca, prácticamente desaparecieron otros sonidos como el blues, rhythm & blues o el jazz que también tenían cabida con anterioridad junto con el habitual rock, pop y los sonidos de vanguardia, escuchándose «música blanca» que incluía a formaciones tan dispares como unos aún desconocidos para el gran público, y todavía alternativos Depeche Mode, U2 y The Cure; también gente como los influyentes The Smiths,Joy Division, herederos directos del punk como The Stranglers, The Clash (después Big Audio Dynamite), Sigue Sigue Sputnik, Generation X y su integrante Billy Idol, Public Image Limited (PIL) y su integrante Jah Wobble, o los B-52; grupos de synthwave como A Flock of Seagulls, Visage o Ultravox, de pop-rock como Immaculate Fools, Psychedelic Furs, The Fountainhead, B-Movie, Simple Minds, The Pretenders, A Popular History Of Signs, e incluso bandas australianas de garage (garage rock) como The Fall, Screaming Tribesmen, Hoodoo Gurus, Lime Spiders o grupos de rockabilly como los Stray Cats, y tantos y tantos otros, en lo que fue un excelente combinado musical de música eminentemente indie de primera mitad de los 80 y finales de los 70, sin el ritmo pegadizo de la música negra, pero con más frescura que esta. La magia que irradiaba esta sala se contagió a todos los noctámbulos y tribus urbanas que la frecuentaban, reinando el buen ambiente y el espíritu cordial.

VIDEOS DE LA RUTA

http://www.youtube.com/watch?v=yinbagukfA8

http://www.youtube.com/watch?v=S1ibO_QMMVo&feature=related
http://www.youtube.com/watch?v=CXZSkD70Op4&feature=related